PAMELA CASTRO
UNIVERSIDAD DEL VALLE DE GUATEMALA
Introducción
El
presente trabajo, realizado en Santiago Atitlán, pretende documentar algunas
apreciaciones del impacto del turismo en la población de niños vendedores y
viceversa. Aunque es difícil proporcionar conclusiones categóricas, se espera
que los datos recabados , sean una guía para la toma de algunas decisiones que
mejoren la relación turista- locales y para futuras investigaciones.
Santiago
Atitlán es un Municipio del departamento de Sololá, situado al occidente de la
capital de la república de Guatemala, está ubicado en la falda occidental del
volcán Tolimán, a orillas de la bahía de Santiago. Es el más grande de todos
los pueblos de la cuenca del Lago de Atitlán, con una población aproximada de
35,000 habitantes, que en un buen porcentaje dependen del turismo para ganarse
la vida. Después de Panajachel, es el segundo poblado más visitado por
turistas.
Santiago
es un poblado bastante pobre, pero con muchas posibilidades de progreso. Muchos
de los pobladores elaboran artesanías y algunos otros artículos que venden a
los visitantes. Entre los vendedores que se dedican a la venta de artesanías,
existen aproximadamente medio centenar de niños. que desarrollan sus
actividades comerciales en la parte turística de Santiago. ( Debe entenderse
por niños, a todos aquellos que se encuentran comprendidos entre las edades de
4 a 17 años y que tienen capacidad para comunicarse con el posible comprador).
“Estudio y
tengo hambre, o trabajo y como” (Searle,2001)
Estas
son las opciones para muchos de los niños vendedores de la “Calle Gringo,” la
principal arteria del poblado. Así se le llama la calle por donde llevan al
turista. Tiene aproximadamente medio kilómetro de longitud y las ventas de
artesanías, galerías de arte, restaurantes y comedores son los principales
comercios que atraen la atención del turista. En todo el trayecto de la calle
se encuentran niños limosneros y vendedores que son muy persistentes en sus
peticiones u ofrecimientos de mercadería con el turista, provocándoles algún
malestar por esas actitudes.
Son las
10:30 de la mañana y el primer barco con turistas se ve venir desde lejos. El
barco se estaciona en el muelle de Chinimyá y poco a poco desembarcan en él.
-¡Vienen
muchos gringos!- grita un niño, listo para ir a vender lo que sea que tenga
dentro de su mochila. Atrás de él vienen otros más y todos llevan una especie
de aro metálico grande, donde exhiben las pulseras de mostacilla que están
listas para ser vendidas.
Se
baja el primer turista, este es alto, blanco, con el pelo largo y además carga
una gran mochila sobre su espalda; se le acercan tres niñas con caras de
angelito, vestidas con traje de la región y le empiezan a ofrecer su
mercadería.
El
problema es que al turista no le interesa nada de lo que ellas venden y lo
único que le parece interesante son las tres lindas niñas, “¿Cómo decirle no a
esas caras tan bonitas?” Las niñas se aprovechan de la ternura que inspiran al
turista y le insisten e insisten, hasta que éste, o les compra algo o se enoja
y se aleja de ellas.
Muchas
veces alejarse no es tan fácil, pero enojarse sí. Así como estas tres niñas
persiguieron al turista durante 5 minutos, otros persiguen a otros turistas,
muchos logran vender y muchos únicamente logran enojar.
La Historia
Mientras
hacía mi trabajo etnográfico, tuve una plática con Vázquez Sots, historiador
que me contó la “verdadera historia” de los niños vendedores de Santiago
Atitlán.
Hace
varios años unos gringos vinieron a enseñar a unos niños como elaborar
pulseras, esas pulseritas de tela, que a toda la gente le llaman la atención.
Estos niños aprendieron y en un espacio corto de tiempo, ya estaban haciendo
pulseras de tela de varios colores y con diferentes diseños.
Durante
aproximadamente siete años muchos vivieron de la venta de pulseras. Poco a poco
fueron aprendiendo a hacer otro tipo de artesanías que eran compradas por los
turistas y así se fue desarrollando el talento y la habilidad de los niños para
la elaboración de artesanías. Después de un tiempo, los niños eran enviados por
sus padres a vender las artesanías y fue así como les acostumbraron a estar en
la calle. Cuando fracasaban sus ventas simplemente pedían limosna y se dieron
cuenta que esa era una forma más fácil de ganar dinero.
Los
padres felices de que el niño llevaba más dinero del que él ganaba en el campo,
empezaron a cambiar las tácticas de ingresos familiares. Vestían a los niños
con el traje más elegante colorido y limpio y así los enviaban a caminar por la
calle. Muchas veces con una gallina entre los brazos, para llamar más la
atención del turista y que les provocara tomar una foto. El turista tomaba la
foto y los niños le cobraban. Conforme el tiempo la cantidad de estos niños fue
aumentando y muchos de ellos “...se volvieron abusivos y maltrataban al
turista,” como lo hacen hoy en día.
De
allí surgió mi trabajo en este curso. Sabía que Santiago Atitlán era un lugar
turístico, pero que con esa primera impresión el turista probablemente no
volvería a regresar. Empecé a preguntarme: ¿Es esto bueno para el turismo? ¿Es
esto una verdadera necesidad? ¿Dónde quedó la importancia de los estudios? ¿
Qué consecuencias trae este fenómeno para los locales y el turismo en Santiago?
Metodología
Para
recabar información confiable fue necesario utilizar varios métodos de
investigación etnográfica. El más utilizado fue observación participativa, para
ver el comportamiento de estos niños vendedores y tener un amplio panorama de
sus actividades diarias y de sus estrategias para obtener dinero. Después de
varias horas y días de observación empecé realizar entrevistas informales,
semi-estructuradas las cuales fueron realizadas a todos los actores
involucrados en el problema del proyecto. Entrevisté a los niños vendedores,
niños limosneros, dueños o vendedores de comercios de artesanías y galerías de
arte, guías de turismo y lancheros, dueños o administradores de hoteles y
restaurantes. Además realicé entrevistas formales con instituciones que brindan
apoyo económico para el desarrollo integral de las familias. Estas
instituciones tienen programas de becas y ayuda económica en lo que a la
educación se refiere.
La realización de entrevistas informales, me llevó, por medio del método
“snowball”, a entrevistas formales estructuradas con líderes del municipio,
entre los cuáles entrevisté al Secretario de la Alcaldía Municipal, a agentes
de la Policía Nacional Civil, maestros, profesionales, etc. También realizé
búsqueda bibliográfica, sobre estudios previamente realizados; los cuáles
sirvieron de mucha ayuda para apoyar mi hipótesis y mi proyecto.
Para
obtener la perspectiva del turista realicé encuestas durante una semana, para
determinar lo que la mayoría de turistas pensaba de estos niños.
Durante
las seis semanas que estuve en Santiago, llegué a tener una buena relación con
los niños vendedores y hasta cierto punto pude entender algunas de las razones
por las cuales tenían ese modo de vida.
El Problema
Santiago
Atitlán es un municipio grande que por su tradición y cultura es muy atractivo
para el turista. Tengo presente la expresión de asombro en las caras de los
turistas al bajar de la lancha, tal vez fue la misma que la mía, ya que desde
el muelle no se puede apreciar más que la “Calle Gringo” con cientos de
vistosos colores provenientes de los textiles que se venden en la calle principal,
matizando con el colorido traje de las vendedoras y de algunos niños que le
piden un quetzal por una foto al turista. A medida que uno empieza a caminar,
los niños se acercan, ofreciendo pulseritas de mostacilla, lapiceros, llaveros
y pequeñas piezas de artesanía, fabricadas por ellos mismos o por sus padres.
Muchos de estos niños venden artesanías que compran de las tiendas de la misma
calle y otros son hijos de los dueños de estas tiendas.
El
problema con los niños vendedores, es que se aglomeran y atosigan al turista,
queriendo vender sus cosas o simplemente tratando de sacarle dinero, con todas
las estrategias que han aprendido con el pasar del tiempo. Cuando esta
situación se dá, el turista se desespera y pierde interés en las ventas. Esto se
vuelve un problema para el turista, porque no es muy placentera su visita y
para el resto de vendedores, porque pierden clientes y ventas.
Si
tratamos de ver más allá del problema, nos encontramos con una serie de temas a
tratar, entre ellos el más importante y en el cual debo hacer más énfasis en la
investigación: el tema de la educación. La educación es un factor
importantísimo, tanto para el desarrollo del pueblo como para el desarrollo y
superación personal.
La Educación
Después
de varias horas de observación participativa y varias pláticas con los niños,
me di cuenta de que muchos de los que venden artesanías en la “Calle Gringo”
asisten a la escuela, unos en la mañana y otros en la tarde. Aproximadamente un
cuatro por ciento de los niños que asisten a la escuela, el dos por ciento
tienen un nivel de asistencia tan bajo que son expulsados. Existen varias
razones por las cuales los niños no asisten a la escuela o dejan de ir. Para
entender estas razones hay que tener en consideración el punto de vista de los
padres, maestros y alumnos.
Según
un estudio realizado por Katherine Searle en el año 2001, las razones por las
que los niños dejan de asistir a la escuela son:
Ø
Los
padres no valoran la educación.
Ø
Shock
cultural: (la educación no está adecuada a las culturas indígenas).
Ø
Trabajan
en la casa y afuera de la casa, especialmente las mujeres.
Ø Aprenden malos hábitos.
Ø
Tabú
existente en la educación sexual y la ciencia.
Ø
Falta
de vocación de los maestros
Ø Falta
de maestros.
Desde
el punto de vista de los padres:
Ø
No hay
suficiente supervisión en la clase.
Ø
Los
niños est<n muy pequeños para la escuela.
Ø
No
sabemos las fechas de los exámenes, cuando llevamos a los niños a trabajar en
vez de ir a la escuela.
Ø
Niños
que aún dependen de la lactancia materna.
Ø
Maltrato
entre niños y niñas.
Desde
el punto de vista de los maestros:
Ø
No
cumplen con las tareas escolares.
Ø Llegan sin desayuno.
Ø
No hay
comunicación entre padres y maestros.
Ø
No son
puntuales para asistir a clases.
Ø
La
asistencia a la escuela es muy irregular.
Ø
Falta
de orientación de los niños al sistema escolar.
Desde
el punto de vista de los alumnos:
Ø Niños tienen necesidades especiales.
Ø
Están
muy grandes para ir a la escuela.
Ø
No
tienen tiempo para hacer las tareas escolares.
Ø Los maestros se enojan.
Ø
Nuestros
padres nos mandan a trabajar.
Después
de leer las razones que cada actor del problema expresa, es más fácil entender
porque muchos de los niños se salen de la escuela. Existen historias como la de
Ana Ramírez, quien dice que "un niño puede ir al colegio y aprender algo,
pero eso no es lo que su futuro va a ser..." Según Ramírez, es necesario
tener en mente los valores culturales.
Este
es un buen punto, pero un punto de mucha polémica, de donde surgió la primera
pregunta: ¿Es posible que el sistema educativo de Guatemala, particularmente en
niños mayas, ayude verdaderamente a mejorar la calidad de vida?
Debido
a que el sistema educativo en el área rural es deficiente, especialmente en
Santiago Atitlán, donde el 65% de las escuelas terminan en sexto grado
primaria, la educación no ha llegado a tener la importancia que ésta merece.
A
pesar de que en Santiago Atitlán, la educación no es lo primordial, los
habitantes se han percatado de que sí es necesaria para el progreso en todo
sentido, y en un núcleo grueso de la población, empiezan a preocuparse por
darle a sus hijos el derecho de la educación escolar. La escasez de centros
escolares en Santiago y la falta de dinero de los padres de familia para que
puedan enviar a sus hijos a la escuela, representan un serio problema para la
educación. Algunas instituciones no gubernamentales apoyan el proceso
educativo, pero no es su principal objetivo, pues sus actividades están
dirigidas a fomentar otra clase de actividades que están vinculadas con el
desarrollo económico de la población. (Las dos principales instituciones que
desarrollan actividades en Santiago Atitlán son Puentes de Amistad y TPA).
El Apoyo
Puentes
de Amistad es una institución que da préstamos a las mujeres que lo necesitan,
la mayoría de ellas tienen hijos y por ende, problemas económicos que no les
permiten ingresar a sus hijos a la escuela. Puntes de Amistad, conociendo los
beneficios de la educación, decidió apoyarlas pagando parte de ella a los hijos
de las beneficiadas . Los hijos de las asociadas al programa de créditos, optan
por una beca la cual consiste en el pago de inscripción escolar y la compra de
útiles escolares. Según Hilda Elizabeth Mendoza López, encargada del Programa
de Educación en Puntes de Amistad, “No es muy difícil conseguir este tipo de
ayuda para los niños, porque además de que no tomamos en cuenta las notas y el
promedio que el niño tenga, estas reflejan para nosotros, el esfuerzo que el
niño esta haciendo.”
TPA es
una organización que recibe fondos de CFCA, (Fundación Cristiana para Niños y
Ancianos). Es una institución bastante conocida, trabaja con el programa de
apadrinamientos y además cuenta con un programa especial de becas, donde se dan
medias becas y becas enteras para los estudios de un niño hasta que llega a
diversificado. La mayor parte del tiempo, los niños apadrinados reciben dinero
por parte de sus padrinos para el pago de sus estudios, además de cubrir otras
necesidades como alimentación, ropa y vivienda.
Algunos
problemas se generan con los niños apadrinados, pues cuando llegan a la
adolescencia, estos sienten vergüenza y dejan de cumplir con los requisitos
mínimos que la institución exige. Asistir una vez al mes a la institución, para
escribir una carta a los padrinos, mantener promedio de 70 puntos en sus
calificaciones y ayudar con algunos trabajos en las oficinas centrales son los
requisitos.
Después
de conversar con Puentes de Amistad y
TPA, obtuve la información que existe aproximadamente 2,000 niños que
reciben ayuda para el pago de sus estudios. Adicionalmente, existe la
posibilidad de incorporar a miles de niños más al programa. Cuando platicábamos
acerca de los niños de vendedores de la “Calle Gringo” sólo recibía respuestas
como las siguientes:
“Es
inútil meter a estos niños a nuestros programas, porque cuando uno les habla no
quieren, sólo quieren estar en la calle, esto es debido a la falta de educación
de los padres. Es muy difícil traer a un niño acá, si los papás no tienen la
iniciativa” (Juan Felipe Ramírez, Funcionario de PTA, comunicación personal
2002)
“La
minoría de ellos va al colegio y regresan a la calle por la necesidad de los
padres, ya que tienen una familia grande y necesita ingresos económicos
adicionales, tanto para la alimentación de la familia, como para, en algunos
casos, pagar la colegiatura de aquellos que sí asisten a la escuela.” (Hilda
Mendoza López, Funcionario de Puentes de Amistad, comunicación personal 2002).
Existen
oportunidades para que estos niños asistan a la escuela, pero para que esto
suceda , así como mencionaba Juan Felipe Ramírez, es necesario que los padres
entiendan la importancia de los estudios. Si los padres no creen que los estudios
son una herramienta que los ayudará a salir adelante, la situación permanecerá
igual. En mi opinión, los estudios son la clave del progreso, pero según lo que
viví en Santiago Atitlán los estudios sólo son para ciertas personas, los
estudios no son los que le llevan la comida a la mesa a cada familia. Después
de verlo desde ese punto, creo que la población de Santiago tiene que comer
para vivir, por ende tiene que trabajar para un resultado inmediato y no para
un resultado a largo plazo.
Los Niños y el
Turismo
Desde
que empecé a trabajar con los niños, me di cuenta de que mucha de la gente de
Santiago depende del turismo, y debido a que los ingresos económicos que este
genera no son suficientes, la gente se ve con la necesidad de buscar nuevas
alternativas de ingresos económicos. Es allí donde entra el papel de los niños
vendedores y limosneros de la “Calle Gringo.” Estos niños venden por la
necesidad que sus familias tienen, y las familias no ven nada de malo, ya que
el niño “está trabajando” y está llevando cantidades razonables de dinero.
Para
la mayoría de turistas, estos niños son un “estorbo” al principio. Los turistas
se comportan amables, compran lo que les llama la atención y cuando ya no
quieren, ya no quieren. Lo que pasa con estos niños y el turista es que estos
insisten y el turista se desespera. Cuando al turista no le interesa lo que el
niño vende, es cuando empieza la “necedad” y es cuando el niño pierde interés
en lo que está vendiendo, y empieza a limosnear, hasta que obtiene dinero por
parte del turista. Muchas veces es tal el enojo de los turistas que los niños
no obtienen nada y es allí cuando estos niños se comportan irrespetuosas y
creen que el turista por tener más dinero que ellos, tiene la obligación de
darles el dinero.
Recuerdo
cuando caminaba por la “Calle Gringo” uno de los primeros días que estuve en
Santiago, había un niño que no me dejaba en paz, “¡regálame un
quetzal.....regálame un lapicero......cómprame una coca.....!” (Todo el
camino!). Nunca le regalé un quetzal, nunca le regalé un lapicero y mucho menos
le compré una coca cola. Este niño no me dejaba en paz, hasta unos días después
que tuve una plática con él, mientras platicábamos, le pregunté, “¿Por qué
crees tú que tengo que regalarte algo de todo lo que me pides?” Y el niño muy
seguro me contestó, “Porque tú tienes más que yo, no te cuesta nada darme algo
de lo que te pido.” Cuando escuché esa respuesta, empecé a realizar una pequeña
encuesta informal, para ver que pensaba el resto de los niños y pude concluir que
el maltrato al turista a la hora de pedir dinero, en vez de vender se debe a
que en realidad piensan que es un obligación.
Esto
no quiere decir que todos lo hacen por esa razón, aquellos que están vendiendo
y no se dedican sólo a pedir dinero, me contestaron que la insistencia se debía
a la necesidad de la familia y porque sus padres esperaban que estos llegaran
con dinero. El turista tiene toda la razón de enojarse y pensar lo peor de
estos niños, pero sí estos niños obtienen lo que buscan, ¿por qué no lo van a
seguir haciendo?
Los Locales y
los Niños
Muchos
de los locales no aprueban el comportamiento de estos niños, ya que consideran
que le dejan al turista una mala impresión y ayudan al estancamiento del
desarrollo de Santiago. La gente que trabaja con el turista (trabajadores de
restaurantes, hoteles, tiendas de artesanías, galerías de arte, etc), muchas
veces no está de acuerdo con ellos, pero muchas veces son ellos mismos los que
apoyan el comportamiento de estos niños, vendiéndoles artesanías a bajos
precios o en otros casos mandando a sus propios hijos a vender como los demás.
Comentarios
que escuché o que obtuve durante mi estudio dicen así:
Ø
“Estos
niños hacen que las ventas de mi negocio disminuyan.”
Ø
“Debería
de existir una ayuda para estos niños, porque no son buenos para Santiago, pero
lo hacen por pura necesidad.”
Ø
“Los
niños de la calle no deberían de existir, afectan a otros niños que tenemos
nosotros.”
Ø
“Estos
niños son como una cadena, cuando ven lo fácil que sale obtener dinero, entre
amigos se jalan.”
También
realizJ estas preguntas a personas que no
están tan relacionadas con el turista, como la policía, maestros,
profesionales, etc. Estos me respondieron con una gran preocupación.
La
necesidad económica de muchas de las familias de Santiago, obligan a los niños
a estar gran parte del día en la calle, ya sea trabajando o limosneando, pero
esto a largo plazo provoca que los niños no aprendan nada de oficios o
educación y se vuelvan ladrones, drogadictos o dependientes del dinero fácil.